Twitteando educación

Las tecnologías se han presentado en repetidas ocasiones como “salvadoras” de la escuela, presuponiendo, dos errores fundamentales, el primero que la escuela deba ser salvada como si todo en ella fuera descartable, y la segunda que la tecnología por sí sola pueda cambiar la educación. Las redes sociales permiten la interacción permanente entre sus miembros aportando sincronía y simultaneidad, pueden ser de ayuda en el ámbito educativo.

  • Una tecnología de microblogging como Twitter, en primera instancia puede ser una herramienta de actualización y reflexión desde el docente hacia los estudiantes con artículos, documentos y videos sobre los últimos avances sobre el campo del saber de su competencia.

  • Puede servir como medio para las comunicaciones en una comunidad de estudio por su cohesión y coherencia, que busca la difusión de información clara, corta pero precisa.

    Una tecnología como ésta permite en términos sociales una mayor fluidez y velocidad en la comunicación entre una comunidad, lo que en términos culturales puede fortalecer las redes que crean la sociedad y modificar los mecanismos de creación y negociación de la cultura.

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    ¿Teléfonos inteligentes?


    La penetración de la telefonía celular en el mundo se ha esparcido más rápido que cualquier otra tecnología, esencialmente por dos razones, su bajo costo comparativo y la ubicuidad que permite; este fenómeno económico se ha complementado con una constante innovación en los equipos que hoy permiten no sólo el servicio telefónico sino además la conectividad en datos, lo que convierte algunos móviles celulares en potenciales estaciones de trabajo. La educación no puede ser ajena a los avances tecnológicos que la sociedad integra en las demás facetas de la vida cotidiana, por lo mismo la tecnología no tiene que ser una competencia en ninguna sentido con el docente, debe ser un apoyo que le permita contextualizar la práctica educativa y hacerla más significativa. 

    Lo ideal sería poder sacar provecho de la conectividad y la inmediatez de la telefonía celular y demás accesorios portables de conectividad, para con ellos poder analizar una mayor diversidad de fuentes y aprovechar la polifonía que permite la red, y promover prácticas situadas. Sin lugar a dudas este tipo de tecnologías como otras serían mejor trabajadas desde una visión constructivista que permita que el estudiante potencien con ellas su aprendizaje. 

    La integración de este tipo de fenómenos al ambiente escolar se debe estudiar desde métodos cualitativos pues se acostumbra tener una visión sobre la tecnología que se centra en indicadores de acceso y uso que no responden a etapas de apropiación tecnología y que se quedan en la mera incorporación y para ello plantear unidad de análisis cómo mediación, didácticas, conectividad, apropiación, uso y formación.

    Del dicho al hecho...

    Bienvenido a este espacio de construcción entorno a la integración de la tecnología en ambientes de aprendizaje, un tema que en el discurso académico es un lugar común, pero que en la práctica sigue siendo un misterio. Quisiera comenzar esta reflexión con la conocida -hablando de lugares comunes - frase de Seymour Papert sobre el aula y la tecnología:

    "Si hace cien años se hubiese podido invernar a un cirujano y a un maestro y en la actualidad se les retornase a la vida, resultaría que el cirujano difícilmente reconocería un quirófano moderno, mientras que el maestro identificaría prácticamente todos los elementos del aula y, con un poco de suerte, incluso podría seguir la explicación él mismo." 

      La frase de Papert no puede ser tomada literalmente, pues es reduccionista al considerar el cambio anclado sólo en lo técnico, pero no deja de tener cierta veracidad al reflejar una realidad cierta, está la escuela en el modelo de enseñanza del medioevo, un docente que "dicta" clase y unos estudiantes que "copian".

      Para finalizar este video del grupo de trabajo "Imagen y conocimiento" de la Universidad Presidente Antonio Carlos:

       

      ¿Tecnología o metodología?